Gregorio Salazar/@goyosalazar
¿Cuál es la escala real de los acuerdos políticos Rodríguez-Trump? ¿Qué hace posible que una gobernante sin origen legítimo tenga tiempo y recursos a placer para intentar recomponer su maltrecha imagen, la de su movimiento político y la del colapsado régimen en cuyo destino tanto influyó?
Para la segura candidata presidencial de un régimen que ha hecho de la propaganda su esencia y su principal política de Estado para la perpetuación en el poder, haber contado con la Asamblea General de la ONU como escenario de su relanzamiento político y electoral alcanza un valor absolutamente inmensurable.
Pero si a ello se le agrega un caluroso apretón de manos y las reiteradas lisonjas del presidente de los Estados Unidos, los hechos se colocan para la elogiada en el campo de lo “real” y “maravilloso”. Estamos hablando, obviamente, de Delcy Rodríguez, colgada desde hace nueve meses al frente del poder en Venezuela por el poderoso gancho de la administración Trump.
Mucho se ha hablado de los acuerdos petroleros y económicos entre los dos gobiernos y lo mismo de los pactos para reformar leyes y renovar poderes en la ruta de lo que se ha denominado la reinstitucionalización del país. Y no es que el alcance de esos arreglos se conozca en profundidad, pero al menos son materia de uso corriente en la labor informativa o especulativa de los medios.
Pero, ¿cuál es la escala real de los acuerdos políticos Rodríguez-Trump? ¿Qué es lo que hace posible que una gobernante sin origen legítimo tenga tiempo y recursos a placer para intentar recomponer su maltrecha imagen y la del colapsado régimen en cuyo destino tanto influyó? Mucho más aún: poder darle en alguna medida supervivencia a una fuerza política que condujo a Venezuela al mayor desastre social de su historia.
Esta nueva versión del chavismo que se ha perfilado con el remoquete del “Rodrigato” necesita llegar a unas elecciones con nivel de competitividad y, sobre todo, de permanencia a largo plazo. ¡Y aquí la palabra clave es: tiempo! Que lo demás lo facilita el control de todas las instancias de poder a nivel central y regional obtenidas por tres fraudes consecutivos desde el 2024.
Lo vimos una semana atrás cuando Delcy Rodríguez, apenas regresada de Nueva York, se dirigió a Portuguesa para realizar un mitin proselitista con el mismo ventajismo mediático, logístico y económico de más de dos décadas de chavismo. Por lo visto y oído, ya el venezolano tiene su populista oferta navideña: las mismas menguadas porciones de pernil de antaño que después desaparecieron. Pero, eso sí, ahora el cochinito es criollo, “producción nacional”. Seguridad alimentaria pura.
Delcy Rodríguez, no hay que dudarlo por un instante, seguirá en su adelantada campaña electoral abusando de los medios del Estado, disponiendo de sus recursos y forzando al funcionariado público a aparecerse por allí para recibir alguna dádiva.
Lo incomprensible es que al liderazgo de la oposición mayoritaria surgido en las primarias del 2023, ratificado en el 28-J y fortalecido con el apoyo de la plataforma en la que se unificaron varios partidos, se le impida regresar al país y ejercer sus derechos políticos como a todos los otros venezolanos. Estamos hablando, obviamente, de María Corina Machado.
“Venezuela renace” es la nueva etiqueta con la que el chavismo llama a los venezolanos a olvidarlo todo. ¿Cómo no iba a aparecer ese gran paraguas del engaño en el discurso de la ONU? Hasta diez veces se le oyó en la misma tribuna donde a Chávez le olió a azufre imperialista: “Hoy Venezuela renace”; Venezuela está en “un proceso de transformación democrática para su renacer”; para “el renacer de nuestro pueblo” viene el “renacimiento de la patria” y pare de contar.
Todo lo dicho hasta acá obedece a la elemental aspiración ciudadana a que se juegue limpio con imparcialidad, equilibrio y transparencia por parte de quienes tutelan nuestro presente en esta difícil hora. No, por supuesto, al temor de que Delcy Rodríguez tenga una remota opción de triunfo en unas elecciones presidenciales. Para ello, como diría alguien parafraseando aquel sketch de la vieja Radio Rochela: Tiene que volver a nacer!
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