Rafael Gallegos
En los últimos años nos han querido vender que se acabó la renta petrolera, como diciendo que el petróleo en Venezuela es cosa del pasado y que de ahora en adelante debemos arreglárnosla sin él. Es decir, que somos un país expetrolero.
Y eso es falso. En primer lugar, la renta no se acabó, la acabaron. Hoy es apenas una fracción de lo que fue. La buena noticia es que la renta petrolera es recuperable. En segundo término, el horizonte petrolero en el planeta es de por lo menos treinta o cuarenta años, y si aunamos esto al hecho de tener cuantiosas reservas de petróleo y gas, podemos visualizar la gran oportunidad que tenemos los venezolanos.
Debemos quitarnos de la mente ese esquema de ser un país post petrolero, porque la verdad es que Venezuela vive una época de pre renta petrolera. Vendrán tiempos donde se generará una cuantiosa renta que de ninguna manera se debe volver a dilapidar, sino que se debe utilizar para, por fin, sembrar el petróleo.
Tengamos claro que para Venezuela viene una nueva hora del petróleo. Claro, para aprovecharla es indispensable un cambio de modelo político y estratégico, que hemos discutido en otras oportunidades.
Venezuela está llamada a convertirse en una potencia petrolera. Las reservas del país son varias veces superiores a las de Estados Unidos, Argentina, Brasil, Guyana y México juntas. Sume y siga. Si nos proponemos, podemos llegar – pilas puestas - a ser el cuarto país productor de petróleo en el mundo tras Estados Unidos, Rusia y Arabia Saudita. Y además convertirnos en un importante país gasífero. Actualmente Venezuela posee la octava reserva de gas en el mundo, teniendo – ojo- más de veinte años sin explorar. Si lo hubiéramos hecho tal vez seríamos el quinto.
Es la hora de aprovechar las oportunidades que nos ofrecen nuestras potencialidades. No podemos seguir siendo el país de las oportunidades perdidas. Ni que el mundo nos siga observando como un limosnero sentado en un barril.
¿Qué NO significa recuperar la industria petrolera?
- NO se trata de recuperar Pdvsa. Hay que estar claros en que el regreso a la vieja Pdvsa no es posible. Hoy aplica construir una nueva industria petrolera. Algo así como una metamorfosis, donde el gusano de seda da paso a la mariposa. Empresas privadas, mixtas y, de ser necesario, estatales, controladas por el Estado con alta participación de capitales privados nacionales e internacionales. El estado no está en capacidad de financiar tal crecimiento, en primer término, porque no tiene dinero. Y si lo tuviera, debería utilizarlo para aliviar el gran problema socioeconómico que padecemos.
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