El coro de las guacamayas

Publicado el 25 de octubre de 2026, 11:08 a. m.

Hay otro gallardo coro de guacamayas que tremola sobre Caracas y ahora también en el ámbito nacional, surgido de los irreverentes grupos de resistencia y de la osada temeridad del país oprimido, que no ha dejado de alzar su voz y levantar las banderas contra el atropello dictatorial del vil socialismo chavista.

 

Ezequiel Querales / ezzevil34@gmail.com

 

De un buen tiempo para acá, las inquietas y variopintas guacamayas se han adueñado de las madrugadas caraqueñas, despertando a la ciudad, con un coro de alborotados y metálicos graznidos.

A tan tempranas horas surcan el cielo de la ciudad capital, adueñándose del amplio espacio celestial, como si solo les perteneciera a ellas.

Es un cromático y espectacular crucero visual, de hermosos plumajes, a ras de los edificios de la ciudad, que deviene en un mágico ritual, de alegre despertar, que sorprende, emociona y encanta.

Sus alborotados graznidos suelen molestar a los sempiternos trasnochados. En una altisonante coral, que se repite a media mañana y al caer la tarde. 

Sin duda, estas espectaculares aves, amenizan el alba y el ocaso del día a día citadino. Y con sus incesantes y “dicharacheros parloteos”, se ha integrado de manera indisoluble al perfil urbano caraqueño.

Ya se ha hecho peculiar entre los caraqueños y asiduos visitantes, admitir que las guacamayas son las vecinas más ilustres de nuestra ciudad capital.

Hay otro gallardo coro de guacamayas que tremola sobre Caracas y ahora también en el ámbito nacional, surgido de los irreverentes grupos de resistencia y de la osada temeridad del país oprimido, que no ha dejado de alzar su voz y levantar las banderas contra el atropello dictatorial del vil socialismo chavista.

Un rugido que viene de los clamores de libertad, que convocan a la insurrección cuando la opresora dictadura y sus despiadados verdugos, obstruyen todas las vías de liberación al abatido país.

Es el coro imaginario de las atrevidas guacamayas que protagonizaron la corajuda “Operación Guacamaya”, para liberar de las garras del infierno a los seis compatriotas que quedaron sitiados en la sede de la embajada Argentina en Caracas. Nunca, “enjambres de montoneras”, como se busca disfrazar.

¿Cómo olvidarlo? Ha sido uno de los actos más despreciables e inhumanos del “terror de Estado” que durante 412 días continuos sufrieron Magaly Meda, Claudia Macero, Omar González Moreno, Pedro Urruchurtu y Humberto Villalobos, a manos de los implacables verdugos del régimen. Privados de lo más mínimo para subsistir: agua, electricidad, internet, el sueño, la comida. Y las 24 horas del día, acosados por drones, perros policías y expertos francotiradores. Solo les faltó suprimirles el aire para respirar. 

Esa es la tétrica, pero gloriosa historia de las “legendarias guacamayas”, que ahora están regresando progresivamente a retomar su vuelo. Y a irradiar su coro de emancipación por todas partes.

Oportuno aclarar, que la sexta víctima, Fernando Martínez Móttola, (QEPD), optó por entregarse a los verdugos, tras 9 meses de asilo, debido a su precaria salud, y murió días después de su entrega. Imborrable hazaña, que voló alto y se alojó rápidamente en el imaginario nacional. Que ahora vuelve con sus bríos, y la lección aprendida, a juntar fuerzas y estrategias. A reagrupar a los valientes y perseguidos comanditos, y a la auténtica oposición venezolana, para las duras luchas que se avecinan.

Como se podrá palpar en el amargo sufrimiento de estos compatriotas, y su admirado heroísmo, documentado ante los diversos organismos de DDHH y CPI. No es, una fraguada invocación. “a la turba ciega ni a la montonera floja que atropella en la esquina para resolver el país a punta de saliva sin mover un dedo” (sic), como lo desnuda la extraordinaria analista Soledad Morillo Belloso. 

Tampoco, como se pretende empañar el contundente rechazo del 82.7%, de los venezolanos a Donald Trump, y sus turbias políticas, y el elevado clamor de elecciones libres y libertad, que exige Venezuela. (Última encuesta de Meganálisis).

Convenimos con Vente Venezuela y su auténtica líder María Corina Machado, en propinar Un Rotundo No, a la inventada colmena (enjambre), que insiste en aislarnos en fragmentadas abejas de barro, “para vendernos la ilusión del éxito en soledad”(sic).

 

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